viernes 14 de diciembre de 2007

MONJES EMPAREDADOS EN TIRSO DE MOLINA


Historias de Madrid que pasan inadvertidas a los apresurados ciudadanos que, sin querer, profanan el descanso de los fantasmas del Metropolitano.

Hace ya 150 años, en la actual plaza de Tirso de Molina, se derribó un convento llamado de La Merced. Cuando a principios de los años veinte de este siglo se comenzó la construcción de la estación de metro, aparecieron los huesos de los monjes que habitaban el edificio. "Como nadie sabía qué hacer con ellos", afirma María Isabel Gea, autora del libro Casas, cosas, casos de Madrid, "fueron depositados en los andenes, recubriéndolos con azulejos. Y allí descansan desde entonces los restos de los monjes mercedarios".Para el profesor Francisco Azorín, miembro del Instituto de Estudios Madrileños, la historia no está confirmada, pero durante algún tiempo se habló de ello; aunque yo no tengo constancia de su exactitud, no me extrañaría que fuese real".

Si nuestros zapatos tienen permiso para pisotear a los mercedarios en sus tumbas de cemento, no lo poseen para adentrarse en la estación fantasma. Porque allí el tiempo se paró hace 25 años.