CABARET
La historia del Cabaret tiene un sabor especial...un halo de misterio y toda una fauna extraída de los suburbios más bizarros.
Los más famosos a lo largo de la historia han sido sin duda alguna Le Moulin Rouge ( El molino rojo) y Le Folies Bergére ( Las locuras pastorales) fundados en 1869 y 1889.
Pero existe otro Cabaret mucho más famosos que los anteriores según para quien ya que este lugar sólo es conocido por algunos pocos: El Cabaret de la Muerte ( Cabaret du Neant).
Fotografías originales donde se ve la lámpara hecha de huesos humanos y que las mesas y bancos son ataúdes nuevos y usados.
Existen por supuestos otras dos versiones derivadas de este macabro Cabaret: ´Cabaret de l' Enfer (cabaret del infierno) y Cabaret du Ciel (cabaret del cielo).
El saber de la existencia de tan oscuro lugar se lo debemos a las fotografías legadas por Eugêne Atgest ( 1857-1927) quien se dedicó a retratar las escenas más morbosas de este oscuro lugar parisino. Sabemos que fue fundado por Dorville en 1892 y que se ubicaba en el número 34 de Boulevard de Clichy ( Paris).
Con espectáculos de nombres tan suculentos como: “El fin del mundo”, “Viaje a Liliput”, “El Cabaret del Infierno”, “Los rayos X”, y otros, en este lugar se rendía cada noche un culto particular a la Muerte de la mano de oscuros artistas y personajes de la noche.
La temática principal era la Muerte, la cual ha sido desde tiempo ancestrales, la absoluta protagonista de los más recónditos pensamientos de los hombres independientemente de la cultura, sexo o religión.
La Muerte atrae, la Muerte ejerce un poderoso influjo del que muy pocos pueden escapar.
Uno de los números estrella era un fantástico truco o efecto óptico en el que como por arte de magia una persona elegida de entre el público se transformaba en un esqueleto o desaparecía; este efecto es conocido como " Pepper´s Ghost".
Pero hay otras historias, más serias que circulan acerca de este Cabaret: hay quien dice que muchas de las noches "aparecían" siniestros actores que no pertenecían al mundo de los vivos, o que quien acudía no solía vivir demasiado después de aquello.
Nunca lo sabremos, pero bien es cierto que las veladas debían ser inolvidables.



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